Una bandera húngara de 12 metros de largo con un agujero en el centro ondea desde el 22 de octubre sobre la Ciudadela de Budapest, en la colina Gellért.
El izado forma parte de la conmemoración por los 70 años de la Revolución de 1956, cuando miles de ciudadanos se levantaron contra el régimen comunista y fueron aplastados por una invasión militar soviética.
La iniciativa fue impulsada por el político húngaro Dávid Vitézy, quien promovió la instalación de la bandera de 6 metros de alto como réplica del símbolo utilizado por los revolucionarios.
En 1956, los manifestantes arrancaron el escudo comunista impuesto por el régimen de Mátyás Rákosi de la bandera nacional, dejando un agujero que se convirtió en expresión de rechazo a la dictadura.

El levantamiento que desafió a Moscú
La revolución comenzó el 23 de octubre de 1956 con manifestaciones pacíficas de estudiantes universitarios en Budapest.
Exigían reformas democráticas, elecciones libres, libertad de expresión, la retirada de las tropas soviéticas y el fin del control político de Moscú.
Las protestas se extendieron rápidamente y se transformaron en un levantamiento nacional contra la dominación soviética.
Uno de los acontecimientos más representativos fue el derribo de una enorme estatua de Iósif Stalin en Budapest, mientras los manifestantes retiraban los símbolos comunistas de las banderas.
El gobierno encabezado por Imre Nagy anunció reformas políticas, el restablecimiento del multipartidismo y la intención de retirar a Hungría del Pacto de Varsovia.
La ofensiva militar soviética
El 4 de noviembre de 1956, la Unión Soviética lanzó una ofensiva militar de gran escala para recuperar el control de Hungría.
Miles de soldados soviéticos, respaldados por tanques y armamento pesado, ingresaron a Budapest y otras ciudades.
Las calles de la capital se transformaron en escenarios de intensos combates entre las fuerzas invasoras y grupos de resistencia húngaros.
Las estimaciones históricas recogidas por la Red Europea de Memoria y Solidaridad y la Fundación Heinrich Böll contabilizan más de 2.500 húngaros muertos y aproximadamente 20.000 heridos.
Alrededor de 200.000 personas huyeron de Hungría como refugiadas, y 22.000 fueron condenadas por tribunales durante la represión posterior.
La intervención militar instaló un gobierno comunista encabezado por János Kádár, respaldado por Moscú.
Al menos 200 personas fueron ejecutadas en la represión posterior, entre ellas el propio Imre Nagy, quien fue ejecutado en 1958.
La colina Gellért y la memoria
La Ciudadela de Budapest conserva una conexión especial con aquellos acontecimientos.
Durante la revolución, un grupo de jóvenes derribó la estatua de un soldado soviético situada junto al Monumento a la Libertad, en la colina Gellért.
Tras la derrota de la revolución, la estatua fue reinstalada por las autoridades comunistas.
La bandera izada en 2026 está prevista para permanecer hasta el 4 de noviembre, aniversario de la ofensiva militar soviética, aunque la fecha de retiro requiere confirmación.
El 23 de octubre es hoy una fiesta nacional en Hungría, dedicada a recordar la revolución y a quienes participaron en ella.
Budapest conmemoró los 70 años de la revolución con homenajes y actos oficiales
El viernes 23 de octubre de 2026, Budapest y otras ciudades de Hungría conmemoraron los 70 años de la Revolución de 1956 con una jornada de homenajes, actos oficiales y marchas ciudadanas.
El primer ministro Péter Magyar rindió homenaje ante la tumba de Imre Nagy, ejecutado por el régimen comunista en 1958, en el marco de las actividades de recordación de la revolución.
Frente al Parlamento, en la plaza Kossuth, se realizó el izado de la bandera nacional con honores militares.
En su discurso oficial, Péter Magyar centró su mensaje en la memoria de la revolución, la independencia nacional y el rechazo a la dominación extranjera.
Las marchas conmemorativas recorrieron Budapest, entre ellas la marcha de banderas desde la Universidad de Tecnología y Economía hasta la plaza Bem.
En la plaza Bem se realizó una ceremonia organizada por Fidesz, con la participación del expresidente János Áder y otros representantes.
La jornada incluyó además una sesión solemne del Parlamento y actividades culturales organizadas en la capital y en otras ciudades del país.
Las conmemoraciones recordaron a los ciudadanos que se levantaron contra la dictadura comunista, las persecuciones de la policía política, la censura y la falta de libertades, así como a las víctimas de la invasión soviética del 4 de noviembre de 1956.
La revolución fue derrotada militarmente, pero se convirtió en un símbolo de la resistencia contra el control soviético en Europa oriental.









