Con 48 selecciones, 16 estadios y tres países como sede, el Mundial de Fútbol 2026 abre sus puertas esta semana. Pero el festejo llega con un peso que pocas veces ha tenido el fútbol: un conflicto armado entre Washington y Teherán como telón de fondo, redadas migratorias del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en plena competición, solicitudes de visa que terminaron en la papelera y boletos en el mercado de reventa que superan los $2 millones. Ningún mundial previo había llegado tan cargado de tensiones ajenas al terreno de juego.
Irán juega el torneo desde México, con permiso de entrada por horas
Que la selección iraní estuviera presente en este torneo no era nada seguro. Los ataques militares de Washington sobre territorio iraní y la eliminación de varios funcionarios de alto rango dejaron flotando durante semanas la posibilidad de una retirada, a pesar de que el equipo había sellado su clasificación con anticipación.
Finalmente, Irán optó por competir, pero bajo condiciones que no tienen ningún antecedente en la historia del fútbol mundial. Los permisos para pisar suelo estadounidense quedaron firmados apenas el viernes anterior al inicio del torneo, con escasamente una semana de margen antes del primer compromiso de la selección persa.
A eso se agrega una restricción inédita: cada integrante de la delegación —futbolistas, cuerpo técnico y personal de apoyo— debe cruzar y regresar de Estados Unidos el mismo día en que se dispute cada partido. El calendario iraní incluye el duelo ante Nueva Zelanda el 16 de junio en Los Ángeles, el enfrentamiento frente a Bélgica el 21 de junio en la misma ciudad y el cierre de fase de grupos el 28 de junio en Seattle ante Egipto. En cada ocasión, la delegación deberá desplazarse desde y hacia Tijuana, México, ciudad donde la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum habilitó la instalación del campamento base iraní tras una gestión de la FIFA para encontrar una solución viable.
El Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó ante la BBC la expedición de los documentos necesarios para la participación del equipo, aunque advirtió que no permitiría que la selección «abusara de este sistema para introducir terroristas en EE. UU. con falsas pretensiones».
A todo esto se sumó otro golpe: la FIFA suprimió el bloque de entradas que tenían reservadas los hinchas iraníes. La Federación de Fútbol de Irán denunció que el organismo rector eliminó el 8% de las localidades asignadas a su afición en cada partido iraní, sin que hasta el cierre de esta nota existiera explicación oficial alguna.
En ese mismo período, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, entregó al presidente Donald Trump en diciembre de 2025 el primero «Premio de la Paz de la FIFA», reconociendo sus supuestas «acciones extraordinarias para promover la paz».
Un árbitro expulsado en Miami y aficionados sin visa
El caso iraní distó mucho de ser una excepción. El árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan tenía ante sí la oportunidad de convertirse en el primer representante de Somalia en pitar en una Copa del Mundo, pero las autoridades migratorias de Estados Unidos lo retuvieron al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami y lo enviaron de regreso a Turquía, pese a que viajaba con visa vigente y pasaporte diplomático.
Las autoridades alegaron dudas en torno a su verificación de seguridad. La FIFA, mientras tanto, se limitó a señalar que las decisiones en materia migratoria de los países organizadores quedan fuera de su ámbito de acción.
La selección de la República Democrática del Congo enfrentó su propio obstáculo: un brote de ébola en su país la obligó a permanecer 21 días en cuarentena en Bélgica antes de poder viajar a la sede del torneo. Muchos de sus seguidores, entradas en mano, se encontraron con la negativa de visado, según registraron medios de cobertura internacional.
Un análisis del Servicio Mundial de la BBC determinó que una de cada cuatro naciones participantes en este Mundial enfrenta prohibiciones de viaje o barreras significativas para entrar a Estados Unidos, entre ellas Haití, Irán, Senegal y Costa de Marfil, afectadas por las restricciones migratorias de la administración Trump.
Hoteles con cuartos vacíos y turistas que decidieron no venir
El ambiente político y las restricciones migratorias terminaron por espantar también al turismo ordinario. Cifras de la Oficina Nacional de Viajes y Turismo de EE. UU., publicadas el 26 de mayo, mostraron una contracción del 5,5% en el flujo de visitantes extranjeros durante 2025 en comparación con el año anterior.
Esa reducción se traduce en concreto en 4 millones de turistas menos y en un desplome de $8.000 millones en el gasto del sector. El torneo no ha escapado a ese efecto.
La Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamientos (AHLA) publicó un informe en el que el 80% de los hoteleros del país reporta reservas para las semanas del Mundial por debajo de sus proyecciones. El 60% de ese grupo apuntó directamente a las restricciones migratorias y a la crispación geopolítica como causas principales.
Kansas City registra hasta un 90% menos de reservas frente a sus expectativas iniciales. En San Francisco, Seattle, Philadelphia y Boston la brecha se sitúa en torno al 70% por debajo de lo estimado.
Entradas millonarias y fiscales que pusieron a la FIFA en la mira
Junto a la barrera migratoria apareció otra de carácter económico. Según The Economist, el precio promedio de una localidad en la fase de grupos arranca en $200, el doble de lo que costaba en Catar 2022. En los mercados de reventa, algunas entradas para la final llegaron a cotizarse por encima de los $2 millones.
El asunto llegó a los tribunales: las fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey anunciaron a finales de mayo la apertura de una investigación formal sobre las prácticas de comercialización de boletos de la FIFA, según comunicó la Agencia France-Presse (AFP). Las dos fiscalías exigen información detallada sobre la venta de entradas, con especial foco en los ocho partidos programados en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, incluida la final del 19 de julio. California y Texas se sumaron posteriormente a las pesquisas.
Amnistía Internacional advierte: ir al Mundial puede ser peligroso
A inicios de este año, Amnistía Internacional publicó un informe con una advertencia directa para quienes tengan planeado asistir al torneo.
«(Los visitantes) corren peligro de encontrarse con inquietantes ataques contra los derechos humanos, sobre todo los derivados de las mortales y abusivas políticas estadounidenses de inmigración», señaló la organización en su documento.
Amnistía Internacional también remarcó que «las severas restricciones a la libertad de expresión y protesta pacífica amenazan el torneo ‘seguro, acogedor e inclusivo’ prometido por la FIFA».
El informe precisa que Estados Unidos, sede de tres cuartas partes de los encuentros del torneo, «se enfrenta a una emergencia de derechos humanos caracterizada por las políticas de inmigración discriminatorias y por las detenciones arbitrarias y en masa llevadas a cabo por agentes enmascarados y armados del ICE, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y otras agencias».
«El Gobierno estadounidense ha deportado a más de 500.000 personas desde Estados Unidos en 2025. Esta cifra equivale a más de seis veces el número de personas que asistirán a la final de la Copa Mundial en el Estadio MetLife en Nueva Jersey», afirmó Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional.
El director del ICE, Tom Homan, sostuvo públicamente que los operativos durante el torneo estarán enfocados en la seguridad del evento y no en la realización de redadas. Pese a esa declaración, medios dirigidos a la comunidad latina en Estados Unidos, como Univisión, reportan que el temor persiste entre los migrantes de ciudades como Los Ángeles y Florida.
El Mundial 2026 arranca con el balón rodando sobre el césped, el eco de los bombardeos en el horizonte y millones de ojos puestos en algo que va mucho más allá del marcador.




